Creo que mi descubrimiento del amor tuvo que ver con una cuestión de ritmo, con un cambio en el compás de los besos. Fue en un sillón, donde me realicé que empezábamos a besarnos más despacio de lo habitual.
La nostalgia es un sentimiento recurrente en quien escribe.
Pero ya no espero a nadie.
Tal vez mañana.
(life is what happens to you while you're busy making others plans)
lunes, 30 de junio de 2008
miércoles, 25 de junio de 2008
Hasta el final
¿Y qué pasa si mi vida está en una caja, eh? Una caja que no puede ser abierta, nunca más.
Mi cuerpo, enrrollado en la cama, vigila de reojo la caja y la vida.
Me paro. Veo mi sombra en la pared. Extiendo el brazo.
Agarro la caja y la vida. Me tiro en la cama, otra vez.
La tengo entre mis manos, la abrazo, la aprieto contra mi pecho y cierro los ojos.
Lloro.
Sigo llorando. La situación me angustia pero se que voy a llegar hasta el final.
La habitación se innunda de canciones que forman parte de la caja. Entonces decido sentarme y abrirla.
Siento el contenido, como las palabras de una novela, como el guión de una película, todo estaba ahí. Pero al mismo tiempo no estaba.
Me atrevo a tomar algunos papeles con mis manos y leerlos y es como limpiar con un trapo sucio alguna herida abierta: duele.
Pero se que voy a llegar hasta el final.
Leo una última frase, escrita en un anotador:
"Esto es amor, quien lo probó lo sabe"
Hasta el final.
Mi cuerpo, enrrollado en la cama, vigila de reojo la caja y la vida.
Me paro. Veo mi sombra en la pared. Extiendo el brazo.
Agarro la caja y la vida. Me tiro en la cama, otra vez.
La tengo entre mis manos, la abrazo, la aprieto contra mi pecho y cierro los ojos.
Lloro.
Sigo llorando. La situación me angustia pero se que voy a llegar hasta el final.
La habitación se innunda de canciones que forman parte de la caja. Entonces decido sentarme y abrirla.
Siento el contenido, como las palabras de una novela, como el guión de una película, todo estaba ahí. Pero al mismo tiempo no estaba.
Me atrevo a tomar algunos papeles con mis manos y leerlos y es como limpiar con un trapo sucio alguna herida abierta: duele.
Pero se que voy a llegar hasta el final.
Leo una última frase, escrita en un anotador:
"Esto es amor, quien lo probó lo sabe"
Hasta el final.
martes, 24 de junio de 2008
Junio melódico
Deberías verme
Cuando te miro
(Deberías Ver)
Es preciso lo sepas: Entre mis dedos,
con la delicadeza y seriedad
que yo dedico a mi guitarra
Serías una y otra vez tratada
por la vida que irradia
tu silueta musicalizada.
Y luego, cual piano
haciendo escala, nota a nota
Gota a gota
En este amor.
Y si tu cuerpo es canción
que me se de memoria,
cantarte y recordarte
Que como tu melodía
Nunca existió
Ninguna otra
En este amor.
Cuando te miro
(Deberías Ver)
Es preciso lo sepas: Entre mis dedos,
con la delicadeza y seriedad
que yo dedico a mi guitarra
Serías una y otra vez tratada
por la vida que irradia
tu silueta musicalizada.
Y luego, cual piano
haciendo escala, nota a nota
Gota a gota
En este amor.
Y si tu cuerpo es canción
que me se de memoria,
cantarte y recordarte
Que como tu melodía
Nunca existió
Ninguna otra
En este amor.
viernes, 20 de junio de 2008
Dolor de cabeza
La ingenuidad te sirvió para creertelá por unos días.
Te mirabas en el espejo que te devolvía esa sonrisa imborrable y no importaba nada más.
Luego comprenderías que eras la representación de la negación en estado puro.
Ingenua, tan ingenua. (Mas nunca inocente, siempre culpable).
Ibas en el colectivo, temprano en la mañana. Alguna canción de esas que cobran vida estarías oyendo, cuando frunciste el ceño. No terminó ahí, porque sentías cómo la mandibula se comprímía casi involuntariamente, la mirada se te perdía y en la nariz sentías esas cosquillas que no son las de la felicidad y las del juego, no, claro que no.
Estabas conteniendo las lágrimas.
"Es temprano para llorar", pensaste.
Y era tarde para los arrepentimientos de los que estaba hecha tu vida. No cualquier clase de arrepentimientos, sino los peores. Los arrepentimientos del "no haber hecho", del "no haber dicho" cuando había que hacer y había que decir.
Supongo que más tarde habrás llorado. No pudiste resistirte a pensar en su boca. Dulce dolor, dulce. Pero enseguida su boca estaba en otra boca, en otra. El dolor era sólo dolor.
El pánico te ataca.
No sos capaz de soportar otra vez el mismo dolor de cabeza.
Te mirabas en el espejo que te devolvía esa sonrisa imborrable y no importaba nada más.
Luego comprenderías que eras la representación de la negación en estado puro.
Ingenua, tan ingenua. (Mas nunca inocente, siempre culpable).
Ibas en el colectivo, temprano en la mañana. Alguna canción de esas que cobran vida estarías oyendo, cuando frunciste el ceño. No terminó ahí, porque sentías cómo la mandibula se comprímía casi involuntariamente, la mirada se te perdía y en la nariz sentías esas cosquillas que no son las de la felicidad y las del juego, no, claro que no.
Estabas conteniendo las lágrimas.
"Es temprano para llorar", pensaste.
Y era tarde para los arrepentimientos de los que estaba hecha tu vida. No cualquier clase de arrepentimientos, sino los peores. Los arrepentimientos del "no haber hecho", del "no haber dicho" cuando había que hacer y había que decir.
Supongo que más tarde habrás llorado. No pudiste resistirte a pensar en su boca. Dulce dolor, dulce. Pero enseguida su boca estaba en otra boca, en otra. El dolor era sólo dolor.
El pánico te ataca.
No sos capaz de soportar otra vez el mismo dolor de cabeza.
jueves, 19 de junio de 2008
Entre cuatro ruedas
Será porque nos odiamos, será porque somos enfermas.
Nosotras, que nos queremos tanto.
Una charla entre cuatro ruedas, ¿una charla que nos debíamos?
Quién sabe, varias veces tuve ya esa sensación, del deber, en nuestras conversaciones.
Disipé tus inquietudes. Hice preguntas.
Pedí perdón.
Te lavé la cara. Te di la mano.
(No me quería soltar)
(No te quería soltar)
Pero había que irse. Me tenía que ir.
Un abrazo de esos que me quedan para el recuerdo, con la ayuda de alguna cucharita.
Y me fui (con la cabeza) a mil por hora, pensando y pensando.
Pensando, entre otras cosas, que papá y mamá siempre están.
No matter what...
Nosotras, que nos queremos tanto.
Una charla entre cuatro ruedas, ¿una charla que nos debíamos?
Quién sabe, varias veces tuve ya esa sensación, del deber, en nuestras conversaciones.
Disipé tus inquietudes. Hice preguntas.
Pedí perdón.
Te lavé la cara. Te di la mano.
(No me quería soltar)
(No te quería soltar)
Pero había que irse. Me tenía que ir.
Un abrazo de esos que me quedan para el recuerdo, con la ayuda de alguna cucharita.
Y me fui (con la cabeza) a mil por hora, pensando y pensando.
Pensando, entre otras cosas, que papá y mamá siempre están.
No matter what...
viernes, 13 de junio de 2008
Reencuentro(s)
Entonces respiro hondo y al día siguiente te repito la pregunta.
A las pocas horas me tomo la misma línea de colectivo que estaba de moda hace unos días, pero la que va en dirección opuesta.
Toda una ironía.
Las reglas de juego de la vida en su máxima expresion a la vez racional y a la vez misteriosa.
Te esperé lo que dura un texto en desenmascarar a Mitre, con mis debidas pautas de ojo de linze analizando las cualidades argumentativas del autor, (que ya no recuerdo quién era) y lo que dura el discurso de un profesor ante una universidad de algún país de Europa del Este cuando cayó el muro.
Bastante, sí, te esperé bastante.
Llegaste y casi en forma de súplica pedí un baño urgente, me estaba meando. Así que al baño fuimos. Todo era tan raro y al mismo tiempo, todo era tan normal... tan siempre.
Me mostraste la biblioteca, me convenciste de dejar las mochilas a la sombra de dos desconocidos con los cuales "no pasa nada, de verdad, tranquila" y así, más cómodas sin el peso del cargamento intelectual, seguimos recorriendo la facultad y conocí tus aulas.
De tres ofertas elegimos café en el comedor. Café con leche con medialunas.
Te pregunté a qué hora entrabas a clase. Me dijiste que a las 19 y las 19 marcaban el reloj.
Me invitaste a quedarme.
Y pensar que el año pasado juré no volver a presenciar una clase de química jamás en mi vida.
Terminó la clase y fuimos al baño. (Ahora éramos tres). Y mientras que la número tres orinaba, (te) solté un poco de información.
Sí, lo había hecho.
Salimos y nos tomamos la misma línea de colectivo que estaba de moda hace unos días, la que va en la misma dirección de hace unos días, pero el recorrido terminó para mí donde antes solía empezar.
Terminó lo que empezaba.
Empezó lo terminado.
Aunque todavía no termino de entender por qué quiero dormir tres días seguidos.
Es una buena pregunta, Mariana.
A las pocas horas me tomo la misma línea de colectivo que estaba de moda hace unos días, pero la que va en dirección opuesta.
Toda una ironía.
Las reglas de juego de la vida en su máxima expresion a la vez racional y a la vez misteriosa.
Te esperé lo que dura un texto en desenmascarar a Mitre, con mis debidas pautas de ojo de linze analizando las cualidades argumentativas del autor, (que ya no recuerdo quién era) y lo que dura el discurso de un profesor ante una universidad de algún país de Europa del Este cuando cayó el muro.
Bastante, sí, te esperé bastante.
Llegaste y casi en forma de súplica pedí un baño urgente, me estaba meando. Así que al baño fuimos. Todo era tan raro y al mismo tiempo, todo era tan normal... tan siempre.
Me mostraste la biblioteca, me convenciste de dejar las mochilas a la sombra de dos desconocidos con los cuales "no pasa nada, de verdad, tranquila" y así, más cómodas sin el peso del cargamento intelectual, seguimos recorriendo la facultad y conocí tus aulas.
De tres ofertas elegimos café en el comedor. Café con leche con medialunas.
Te pregunté a qué hora entrabas a clase. Me dijiste que a las 19 y las 19 marcaban el reloj.
Me invitaste a quedarme.
Y pensar que el año pasado juré no volver a presenciar una clase de química jamás en mi vida.
Terminó la clase y fuimos al baño. (Ahora éramos tres). Y mientras que la número tres orinaba, (te) solté un poco de información.
Sí, lo había hecho.
Salimos y nos tomamos la misma línea de colectivo que estaba de moda hace unos días, la que va en la misma dirección de hace unos días, pero el recorrido terminó para mí donde antes solía empezar.
Terminó lo que empezaba.
Empezó lo terminado.
Aunque todavía no termino de entender por qué quiero dormir tres días seguidos.
Es una buena pregunta, Mariana.
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