Aferro mis ojos al paisaje, una parte de mí siempre se queda en él.
Por eso cuando regreso es como volver a mí.
Y también es volver a vos.
La inmensidad se abre paso sobre la superficie y también en las profundidades.
Me parte al medio. Quiebra toda razón.
Es identidad a flor de piel.
Mirar ese paisaje que te abraza, protegiendo y liberando a la vez.
Ahí se encuentran todas mis emociones.
Y me encuentro insignificante, una espectadora más.
Pero no cualquiera puede entenderlo.
Sólo aquellos que cuando lo vemos sabemos que una parte de nosotros cambió para siempre,
y no nos olvidamos nunca más,
no nos vamos, nunca más.